Un nuevo percance volvió a poner al Tren Maya en el centro del debate. La tarde del martes 19 de agosto, una de sus unidades se descarriló en las inmediaciones de la estación Izamal, en Yucatán. El incidente ocurrió alrededor de las 13:48 horas, cuando un tren que viajaba de Cancún a Mérida sufrió un problema de vía al ingresar a baja velocidad a los andenes. Afortunadamente, las autoridades confirmaron que no hubo personas lesionadas, aunque el hecho involucró a dos unidades del megaproyecto impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
De inmediato se activaron los protocolos de seguridad y los pasajeros fueron evacuados sin contratiempos. Según informó la dirección del Tren Maya, los usuarios afectados fueron trasladados en autobuses hacia sus destinos, mientras una Comisión Dictaminadora ya investiga las causas del accidente. Testimonios de pasajeros difundidos en redes sociales relataron que uno de los trenes se “metió” en la vía del otro, lo que habría ocasionado el descarrilamiento de al menos tres vagones. Incluso, algunos usuarios señalaron que elementos de la Guardia Nacional les explicaron que hubo un problema durante el cambio de vías.
Este episodio se suma a otros percances registrados en el último año. En Semana Santa de 2024, un tren se descarriló en la estación Tixkokob, también en Yucatán. En enero de 2025, una unidad cargada con toneladas de balasto volcó cerca de la estación Limones, en Quintana Roo, dejando un herido. Meses más tarde, una explosión en un campamento del proyecto en Felipe Carrillo Puerto volvió a encender las alarmas. Estos antecedentes han provocado cuestionamientos sobre la seguridad del servicio y la calidad de la infraestructura.
A los problemas técnicos se suman las dificultades financieras. De acuerdo con una investigación de El Financiero, desde que entró en operación y hasta el primer semestre de este año, el Tren Maya ha acumulado pérdidas por 5 mil 807 millones de pesos. Tan solo en lo que va de 2025, ha requerido 2 mil 259 millones de pesos de recursos públicos para seguir funcionando, lo que equivale a 12 millones de pesos diarios. En contraste, los ingresos apenas alcanzan 525 millones de pesos, lo que pone en duda la rentabilidad del proyecto frente a las declaraciones oficiales que lo defienden como sustentable.
Ante la magnitud del descarrilamiento en Izamal, la presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció públicamente. Si bien calificó lo ocurrido como un hecho preocupante, subrayó que lo fundamental fue que no se registraran heridos. También pidió a la ciudadanía mantener la confianza en el Tren Maya mientras las investigaciones técnicas concluyen y se determinan las causas precisas del accidente.
De esta forma, el percance en Izamal abre un nuevo capítulo en la historia del Tren Maya, considerado uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de México, pero también uno de los más cuestionados. Ahora, el debate no solo gira en torno a su rentabilidad económica, sino también a su seguridad operativa y al futuro de un servicio que se ha convertido en símbolo del sureste mexicano.
Con información de Ámbito
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