Trump, una crisis constante

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El presidente de EU termina 2018 sin logros reales en lo interno y en el mundo, pero él se da la máxima calificación

Las diferencias entre Donald Trump y los líderes de Europa son cada vez más grandes. La fotografíade la cumbre del G7, en junio, fue un reejo. (ARCHIVO. REUTERS)

Si los primeros 12 meses de mandato de Donald Trum fueron sorprensa, sido el año de la confirmación de una forma de hacer política disruptiva y heterodoxa. Un mandato de golpe continuo, sin descanso ni tregua, omnipresente y destructor, que ha consolidado una forma de hacer política basada en obsesiones, la ruptura de las reglas establecidas, la detonación del status quo, la creación de la crisis permanente.

Tras un primer año de adaptación al cargo, Trump ha pasado su personalidad indomable a la rutina de la política de Estados Unidos. Lo que hace unos meses era sorpresa es ahora simplemente costumbre.

Este 2018 no ha tenido ningún triunfo doméstico relevante más allá de la confirmación —llena de polémica— de un nuevo juez para el Supremo: Brett Kavanaugh. Ningún éxito relevante en el terreno legislativo. A pesar de eso, dijo que daba a su mandato “un sobresaliente, ¿es suficiente? ¿Puedo ir más allá?”. Estas declaraciones, realizadas hace menos de un mes en entrevista con Fox News, eran una calificación de toda su presidencia,pero básicamente eran una manera de sentenciar que está más que satisfecho con su desempeño en la Casa Blanca y que cada día que pasa se siente más cómodo en su silla del Despacho Oval.

Eso se traduce en más disrupción, más cuestionamiento del orden mundial, más rompimiento de la tradición estadounidense. Sigue sin tener reparos en poner en jaque las alianzas tradicionales de EU, e incluso este año se enojó con el G7 celebrado en Canadá,dejando una imagen icónica en la que todos los líderes mundiales lo rodeaban tratando de hacerle entrar en razón, como un niño mimado que no acepta la realidad y que se encierra en su “America First” (Estados Unidos Primero), que en realidad lo lleva a un “America Alone”(Estados Unidos solo).

“El mundo nos va a respetar de nuevo”, prometió Trump a sus seguidores, pero este 2018 se ha demostrado que no va por el buen camino. Las potencias mundiales cada vez se están distanciando más de Washington y Trump no tiene reparos en cambiar de dirección y acercarse a regímenes como Corea del Norte, Rusia o Arabia Saudita, viraje que ha consolidado este 2018.

Cumbres y negocios

Singapur, y con el ruso Vladimir Putin, en Finlandia. Dos reuniones que para Trump fueron unéxito, pero que a los ojos del resto de la comunidad internacional demostraron la alienación estadounidense.

Otro punto de inflexión fue la negativa de condenar a Arabia Saudita por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Trump no ha cambiado un ápice su postura de no creer en sus agencias de inteligencia y con el caso Khashoggi se ha mantenido firme: va por delante el interés comercial que las pruebas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o la defensa delos derechos humanos

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