Siento que soy capaz de hacer lo que sea: la artesana Hilda Contreras

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Hilda Contreras González está en la sala de su casa, recién acaba de terminar una bolsa de macramé. Suspira, mientras sus hombros se alzan, ve su creación y confirma que puede hacer lo que sea que se proponga.

Para la artesana, no existen imposibles: puede hacer cualquier cosa que se imagine en su cabeza, y plasmarla en una artesanía de macramé. Incluso, mientras duerme, en sus sueños ya está visualizando cómo serán sus diseños. Cada vez que termina una pieza se sorprende de su capacidad y se dice así misma: “Siento que soy capaz
de hacer lo que sea”. 

Desde que amanece se levanta con energía para trabajar en sus artesanías, a veces se sorprende de su vitalidad, a pesar de sus más de 60 años.

Los artesanos de Yucatán demuestran que su arte sigue vigente a pesar de los años, la llegada de productos de otras partes del mundo y del auge tecnológico. Las manos y la mente son vitales para las artesanías que no podrían ser reemplazadas con nada, además que representan un legado importante de la cultura yucateca y maya.

Según datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), 14.89 por ciento de los habitantes de Yucatán se dedica a la artesanía.

Hilda lleva más de 30 años elaborando diversos artículos y accesorios en macramé, y desde hace 15 se instala en Mérida en Domingo para ofrecer bolsas, cinturones, aretes, collares, entre otros accesorios.

De acuerdo con la artesana, el macramé es la técnica de crear tejidos usando nudos decorativos, “es el arte de manejar cuatro hilos; amarrando nudos para formar las cosas”, y lo aprendió gracias a su abuela, quien le heredó todos sus conocimientos sobre este arte.

Quedó tan enamorada que empezó a inventar sus propios diseños; en este arte lo indispensable es usar tu mente y manos, son las que trabajan para formar figuras con los hilos, indica.

Después de practicar mucho tiempo, decidió acudir a la Casa de las Artesanías de Yucatán para demostrar la calidad de sus creaciones; las personas quedaron tan sorprendidas que “enseguida me empezaron a comprar mis bolsas, cinturones, les gustó mucho mi trabajo, porque nadie hacía el macramé”, expresa orgullosa.

Antes, comenta, era más valorado el trabajo, pagaban bien, incluso las dependencias estatales y municipales, sin embargo con el paso del tiempo esto ya no es así, le
quieren pagar menos; pero ella sabe lo que vale su trabajo. “Sé lo que es trabajar y cuánto valgo”, señala.

No obstante, en Mérida en Domingo encontró un espacio que se acopló a sus necesidades y capacidades; ahí cada semana lleva sus artesanías para vender, y admite que mucha gente queda maravillada con su trabajo, sobre todo los turistas internacionales.

“Me siento contenta, cuando estoy haciendo los nudos, amarrando los hilos, lo que usted quiera yo lo hago”, expresa.

Su inspiración es la vida misma, la naturaleza y todo lo que la rodea. Cuando está elaborando sus creaciones se concentra en sus hilos. “Cuando estoy dale y dale para sacar mi diseño, yo no sé que pasa a mi alrededor, no sé nada, de repente cuando me río y digo ya es que ya terminé”, expresa.

Por la pandemia, el programa municipal se suspendió y recurrió a vender sus creaciones a través de las redes sociales; le tomaba fotos de sus productos y los subía “al face”, y le fue bastante bien.

Desde diciembre del año pasado retornó la Plaza Grande para vender sus productos y poco a poco se va recuperando su economía; para ella es fundamental el buen trato a la gente, además de dar precios accesibles.

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