La expenitenciaría Juárez de Mérida

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Entrar a este hermoso edificio que hoy ocupan dependencias de gobierno es toda una experiencia que permite viajar al pasado y ubicarse en momentos en los que las crujías del lugar estaban llenas de reos que purgaban alguna condena, algunos inclusive con tintes políticos como Felipe Carillo Puerto, quien también fue huésped de este palacio que en 1981 cerró sus puertas guardando miles de historias, que incluyeron aquel intento de fuga a finales de la década de los 70, que costó las vidas de quienes intentaron huir del brazo de la justicia.

Ubicado al poniente de la ciudad, en el barrio que se conocía como Santa Catarina, los dueños de la hacienda del mismo nombre, Andrés Aznar Pérez y Carlos Peón, donaron el terreno en el que el 6 de enero de 1887 se colocó la primera piedra de la Penitenciaría Juárez, que comenzó su funcionamiento el sábado 29 de junio de 1895, cuando se llevaron al lugar desde la ciudadela de San Benito a 133 presos que se alojaron en la galera 3.

La obra fue dirigida por el Ingeniero Militar Salvador Echegaray, y durante la visita del presidente Díaz se inauguraron algunas mejoras como el área de enfermería, cocina y celdas adicionales, esto con una inversión de 250 mil 771 pesos.
El lugar contaba con cinco galerías en las que se encontraban las celdas, y que desembocan en un espacio que en su tiempo se conoció como “la redonda”, un espacio efectivamente con forma redonda en el que se reunían los reos a ver la televisión o simplemente a platicar.

Es muy hermosa esta construcción formada por arcos y que a la fecha conserva la herrería original en la que se puede leer el número de la galera, además de una placa fechada en el año de 1952 con la que se recuerda la inauguración del área de comedor, obra realizada durante el gobierno de Tomás Marentes Miranda.

Los funcionarios que trabajan en las oficinas en las que se han convertido las celdas, comentaron al equipo de Punto Medio que uno de los lugares más visitados es la celda número 43 de la Galería o galera 2, que del 23 de diciembre de 1923 al 3 de enero de 1924 ocupó el “apóstol rojo”, el gobernador Felipe Carrillo Puerto.

El lugar funcionó como reclusorio hasta el 27 de agosto de 1981 cuando los reos, incluidas 31 mujeres, fueron trasladados al nuevo Cereso, y se recuerda como uno de los momentos de mayor tensión que se vivió en el lugar el 6 de septiembre de 1979.

Los reclusos Francisco López Durán, Jesús Jiménez Custodio y Jaime Pérez Cortez se amotinaron en el interior del centro carcelario y mantuvieron como rehenes a varios funcionarios del Poder Judicial de Yucatán (PJY).
A las ocho de la noche se rindieron, pero tres horas después aparecieron en la caja de una camioneta tipo Pick up, a las puertas del hospital O’Horán, siendo visibles numerosos impactos de arma de fuego en cada uno de los cuerpos. Supuestamente la orden de asesinarlos la dio el célebre jefe policiaco Miguel Nazar Haro.

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