Hojalatería, un oficio olvidado en Mérida

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Para Fredy Martín, de oficio hojalatero, no existe vehículo lo suficientemente dañado que no pueda reparar, pues su trabajo consiste en darle una nueva imagen a los autos que llegan a su taller.

Explicó que debido a la pandemia del COVID-19 su economía se ha visto afectada, pues en los meses de marzo y julio, cuando la contingencia de salud estaba en uno de sus puntos más altos en la entidad las solicitudes para trabajos de  hojalatería decayeron; actualmente comentó que por la reapertura económica, el mercado se ha recuperado de manera paulatina.

No obstante, Fredy comentó que actualmente su estado de salud se ha deteriorado, pues debido a una mala alimentación desarrolló colon irritable, esto ocasiona que tenga fuertes dolores en el vientre los cuales le impiden en gran medida realizar su labor. Sin embargo, es gracias a la ayuda de sus compañeros que continúa trabajando.

Foto: Óscar Suaste

Uno de los ayudantes del taller, Bacab Fuentes, comentó sus comienzos en este trabajo. Cuando apenas tenía 17 años trabajó como ayudante en varios talleres, sitios donde refinó y aprendió lo necesario para poder sacar adelante su talento, cuando consideró que ya contaba con la suficiente experiencia decidió trabajar en una agencia distribuidora de automóviles, donde permaneció por cerca de seis años, posterior a esto viajó en ocasiones a Cancún con Alfonso Zapata, cada semana o cada quince días, comentó mientras continuaba lijando el golpe de un guardafangos; gracias a sus buena labor, cuenta con una lista de clientes de confianza, quien comenta, son los que lo recomiendan y le permiten tener un flujo de ingresos constante.

Durante la entrevista enseñó uno de los trabajos realizados, donde mostró la defensa de una camioneta, el hojalatero comentó que originalmente la pieza se encontraba en mal estado, pero con un poco de paciencia, planchas de metal y remaches logro dejarla en buen estado, comentó que la pieza puede llegar a costar de entre los 700 a mil pesos, pero que en su taller la logró reparar por menos de 500 pesos, ejemplificando su labor y empeño.

De igual manera comentó  que hasta ha tenido que arreglar últimos modelos, pues muchos sufren daños cuando son descargados para su transporte a la agencias.

Foto: Óscar Suaste

Manuel Antonio Aguilar Ortiz, que igual trabaja en el taller, comentó que restaurar piezas de un automóvil es un arte, pues es su labor dejarlas como nuevas, un ejemplo fue una Jeep Gran Cherokee, en la cual había estado trabajando y la tenía casi lista, únicamente faltando un último detalle para que el vehículo quedase resplandeciente; comentó que por el trabajo cobró un total de 14 mil pesos, pues trabajó pintura, hojalatería, y rines, labor que le tomo siete días de intenso trabajo.

Otras de sus anécdotas son en las que les ha llegado vehículos en tan pésimas condiciones que podrían considerarse chatarra, pero una vez realizado el trabajo y restauración los automotores quedan como nuevos; es por esto que los comparan con cirujanos, pues en muchas ocasiones deben realizar un trabajo tan minucioso y elaborado en cuestión de reconstrucción de la carrocería, devolviendo al auto a su aspecto original.

En el taller conocido como “El perro”, dado este nombre por su forma de trabajar, con persistencia y dedicación, pues una vez que comienza no se detiene hasta reparar todo lo mejor que pueda.

El hojalatero finalizó agradeciendo la visita, pues comenta que su profesión está quedando en el olvido o ignorada “nosotros somos independientes o como dicen informales, no tenemos sindicato, patrón, menos prestaciones o seguro social y dependemos del trabajo, o sea, si hay chamba ganamos, sino estamos a la deriva, pero bendito Dios, el trabajo nunca nos ha faltado”, comentó.

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