Falta concienciar sobre el ambiente y la mejora social Yucatán

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Turismo sin comunidad

Viajes en kayak, observación de la naturaleza, recorridos en senderos y visitas a cenotes son algunos servicios que se ofrecen al turista en la Península de Yucatán, uno de los destinos más populares en México para la industria creciente del ecoturismo.

Desde la realización de su tesis de doctorado en 2003, Manuel Pinkus Rendón, adscrito actualmente al Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán, tuvo la inquietud sobre los aspectos socioambientales vinculados con las reservas y áreas naturales protegidas, observando particularmente la falta de inserción del elemento social.

“La principal preocupación, más que la crítica a la política pública, era aportar los conocimientos para que los tomadores de decisiones tuviesen estos elementos para generar políticas públicas en materia ambiental más incluyentes”, describió en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt.

Formado en sociología y antropología, para el investigador era importante evaluar el impacto social de los decretos de áreas naturales protegidas, tanto en el plano municipal como estatal y federal. “Ahí empecé a observar cómo esta situación de conservacionismo que se da sobre las áreas naturales protegidas dejaba a un lado el aspecto social”.

El concepto de desarrollo sustentable aparece por primera vez en el Informe Brundtland (Our Common Future: Brundtland Report, o “Nuestro Futuro Común” en español), elaborado en 1987 para la Organización de las Naciones Unidas.

Desde entonces el término se incorporó en los discursos de diversos países del mundo —incluido México— y su vigencia se ha mantenido en las últimas tres décadas.

“No obstante, supimos que este concepto no se refería propiamente a la integración de tres elementos: desarrollo social, económico y preservación del medio ambiente. ¿Qué es lo que dice el Informe Brundtland? El aprovechamiento de los recursos naturales para las generaciones actuales, sin menoscabo de agotarlos para las generaciones futuras”, manifestó el investigador.

El término ecoturismo empezó a sonar en la década de los 70 como una actividad en la que se llevaban a cabo recorridos en paisajes naturales y se entraba en contacto con la naturaleza, a diferencia de las actividades del turismo de masas, también llamado “turismo de sol y playa”.

Entre los estudios realizados por investigadores como Gustavo Marín Guardado (“Turismo: espacios y culturas en transformación”) y Ángeles López Santillán (“Turismo y desarrollo sustentable en áreas protegidas o sobre los ‘nuevos’ contrasentidos para la producción y el marasmo en el ámbito rural”), ambos publicados en la revista Desacatos en 2015, se ha planteado que el ecoturismo no se considera como una alternativa de subsistencia para las poblaciones que habitan en las áreas naturales protegidas, y tampoco para las que habitan fuera de ellas.

“Particularmente en áreas naturales protegidas, hoy por hoy, no ofrece una alternativa de subsistencia, más que nada por la forma en que el mismo estado pide que se organice”, señaló Pinkus Rendón.

La Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas promovieron en el seno de las áreas protegidas la actividad ecoturística, considerada como aquella que generaría recursos económicos adicionales a la población.

“Pero realmente no resolvió el problema porque los programas se aplicaban de manera vertical, sin tomar en consideración a las poblaciones”, señaló el investigador.

Uno de los problemas principales de la iniciativa fue que los pobladores de esas áreas naturales protegidas no tenían una vocación de prestadores de servicios, pues se dedicaban mayoritariamente a la agricultura y la pesca como actividades primarias.

Aunque los estímulos económicos, la dotación de infraestructura y la oferta de empleos por parte de los programas gubernamentales los entusiasma y comienzan a fomentarse los proyectos ecoturísticos en las comunidades rurales.

“Desde el inicio, la desventaja que nosotros hemos visto a estos proyectos ecoturísticos es que no ha sido que, por medio de una concienciación y educación ambiental, la población gestione este tipo de actividades y proyectos, sino que es el Estado el que llega a ofrecérselos. Una vez que estos proyectos están en marcha, no hay un proceso constante de educación ambiental y de capacitación”, apuntó.

 

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