El extraño caso del Dr. Alamilla y Mr. Murad

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Una conversación extraña en un muro de Facebook. Un sujeto que se hace llamar Murad Barba comenta un video de otro, que dice ser Santiago Alamilla. Los dos se refieren entre ellos como «clon». Los que no han seguido de cerca esta triste historia, estarán aún más confundidos.
Hace unos meses, cuando Santiago Alamilla comenzó a orquestar su campaña en contra del Ayuntamiento, creó varias cuantas falsas en Facebook. Una de ellas, la más aguerrida, es precisamente la que utiliza con el alias Murad Barba.
Con esa personalidad, incluso, se ha enzarzado en virulentos pleitos virtuales con sus detractores, que ya son legión. Fue precisamente Barba el que, envalentonado, se enfrentó a un periodista de un periódico impreso local, quien posteriormente lo exhibió.
El uso de «trolls» o de cuentas falsas en redes sociales es ya una práctica común en el arsenal de las guerras sucias, tanto personales como políticas. La novedad aquí implica el diálogo entre dos personalidades de una misma persona.
La radicalización de Alamilla comenzó cuando una serie de acusaciones de acoso contra él explotaron en el Cabildo. A partir de entonces, este personaje dio un paso falso tras otro. Su declive concluyó cuando se autoliquidó —estaba al frente de la dirección del rastro municipal— con medio millón de pesos. El asunto se investigó y fue el mismo Cabildo el que lo multó y lo inhabilitó para ejercer un cargo público durante tres años.
Ya desdoblado en varias personalidades, entre ellas la del beligerante Barba, renunció al PAN y comenzó a denunciar a sus antiguos compañeros de partido y del Ayuntamiento. Los acusaba de crear empresas fantasmas para desviar fondos.
Muchos de los prestadores de servicios que él tilda como «fantasmas» han trabajado para ésta y las dos anteriores administraciones municipales, es decir, tanto para el PRI como para el PAN. Varias de ellas igual ofrecen servicios al gobierno estatal y a paraestatales, como la CFE.
Además, hay órdenes de pago a estas empresas firmadas por el mismo Alamilla, cuando ocupaba la subdirección de servicios públicos municipales, en la administración de Renán Barrera Concha. Los «fantasmas» de Alamilla son de carne y hueso, como consta en las bitácoras de servicio que ofrecen.
Emprender una cruzada como la de Alamilla cuesta, y el medio millón de su autoliquidación se esfumó en pautas de redes sociales. Ya sin recursos, tuvo que buscar a un patrocinador de su venganza, y lo encontró… En estos momentos, portalitos —esos sí «fantasmas»: totalmente anónimos y de recién creación— están compartiendo un reportaje trasmitido por Televisa ayer.
El material que lanzan como piedras no tiene rigor periodístico: cuando el narrador se refiere al Ayuntamiento se enfoca al Palacio de gobierno, cuando dice que la PGR atraerá el caso, claramente el fiscal Ariel Aldecua señala que es una posibilidad… Y así en cada segundo de los tres minutos que dura esta producción pagada. Y no sólo la edición falla, también los insumos. Se dedica un amplio espacio a mostrar una denuncia a «Mauricio Avila…».
Esta endeble punta de lanza se complementa con una estrategia pensada y orquestada con varias semanas de anticipación. Apenas unas horas después de que Televisa publicara el video, Alamilla lo compartió y junto con él una serie de personajes que han dilapidado su credibilidad, vendiéndose al mejor postor: Guillermo Barrera, Orlando Pérez, Enrique Febles… Y todos los caminos llegan al mismo lugar.
Alamilla se ha convertido en una herramienta de intereses más poderosos, que canalizan su ira y su ansias de venganza para sus propios fines. Es ya su juguete roto, desdoblado en varias personalidades, convertido en un caso clínico de un sujeto que habla consigo mismo y se ha creado un mundo irreal. es imposible mantener la cordura cuando Barba te taladra, día y noche, el oído.