Eduardo Aguilera, 51 años ‘nombrando’ las casas de Mérida

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A sus 88 años, Eduardo Aguilera se gana la vida vendiendo nomenclaturas en los diferentes barrios y colonias de la capital yucateca, oficio que ha desempeñado a lo largo de los últimos 51 años, así lo reveló en la entrevista para POR ESTO!, diario de su preferencia y el cual lee todas las mañanas.

El entrevistado, quien presumió que en su infancia estudió con el director del periódico, Mario Renato Menéndez, explicó que vende estas placas de casa, cuyo proceso comienza con abrir el poro de la cerámica, pintarlo y luego hornearlo. Es un trabajo que dura aproximadamente ocho días, antes de ser entregado al cliente.

Dijo que han sido los extranjeros que viven en los diferentes barrios del Centro Histórico quienes se han preocupado por nombrar y enumerar sus casas, lo que ha hecho que su negocio vaya creciendo.

Agregó que la duración de su producto puede tardar más de 20 años, lo cual dependerá del lugar donde haya sido instalado.

“Señaló que incursionó en este oficio cuando regresó de la Ciudad de México y se encontró con la necesidad de sobrevivir a la falta de trabajo. Esto lo orilló a salir a vender nomenclaturas hace 51 años, ya que también se percató que la gente no se preocupaba por nombrar y numerar sus casas.

“En otros países, la gente sí le da importancia; incluso es una obligación para facilitar el trabajo de la correspondencia, de las paqueterías. Además, se evitan muchos problemas”, comentó el entrevistado, quien también dijo que una nomenclatura regular la vende en 300 pesos y el precio depende del tamaño del trabajo a realizarse.

Indicó que su negocio “Nomenclaturas Decorativas” hace de todo un poco. “Este negocio es tan extenso que también realizamos placas para tumbas, placas comerciales, para negocios, licenciados, dentistas y doctores”, comentó don Eduardo, a quien se le notó contento porque su historia sería publicada en el diario de su preferencia.

Explicó que un extranjero, de apellido Worthington, fue el responsable de viralizarlo hace unas semanas en redes sociales. “Le vendí una placa y empezamos a platicar. Le gustó mi historia y la subió a Facebook. Después de eso, todo el mundo me empezó a contactar”, comentó el hombre.

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