Diputados mexicanos tratarán regulación de etiquetado de alimentos procesados

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El pleno de la Cámara de Diputados debatirá en los próximos días la regulación del etiquetado de alimentos y bebidas preenvasadas que se consumen en el país frente a la oposición de empresas y organizaciones que se oponen a la medida.

Dada la mayoría del partido oficialista Morena, la Cámara tiene previsto aprobar la propuesta a favor de impulsar la obligatoriedad de establecer sellos de advertencia sobre azúcares, sodio, grasas saturadas y calorías.

La medida ya fue aprobada en la Comisión de Salud y supone una reforma de la Ley General de Salud, en concreto el articulo 212.

En un país con graves problemas de obesidad y sobrepeso, los promotores del etiquetado de advertencia aseguran que este mal está asociado con el consumo de alimentos “ultraprocesados”, y favorecen la aplicación de etiquetas en los empaques como “Alto en_” sin mayores datos nutricionales del producto.

La medida se enfrenta a la oposición de expertos y académicos como la doctora Susana Socolovsky, presidenta del Congreso Latinoamericano de Ciencia y Tecnología de Alimentos, al estimar que con este debate México tiene la oportunidad de aplicar políticas de información y salud pública que cambien hábitos de consumo.

Según Socolovsky, las etiquetas de advertencia son un camino equivocado por su falta de claridad y porque inhibirían las innovaciones tecnológicas en la producción de alimentos, debido a la generalización de productos independientemente de su composición nutritiva.

En un foro organizado en la ciudad de México por la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Ciencia y Tecnología de Alimentos, la científica advirtió que, si se aplica en México un etiquetado de advertencia a partir del perfil de nutrientes que propone la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 95 por ciento de los productos del supermercado quedarían señalados, mayormente con inexactitudes en cuanto a supuestos riesgos de ingesta.

“Es un absurdo”, dijo, por lo que recomendó una estrategia educativa basada en porciones de ingesta y la integración balanceada de una dieta diaria.

Socolovsky hizo un llamamiento a una convergencia de opiniones basadas en la ciencia y no en mitos nutrimentales y franco desconocimiento de la tecnología de alimentos.

Agregó que las recomendaciones que realmente se desprenden de la Organización Mundial de la Salud (OMS) corresponden al Codex Alimentarius y no se corresponden con los criterios de la OPS.

Rechazó también una correlación directa entre consumo de alimentos procesados y la obesidad.

Mientras que en América Latina el consumo de estos productos subió un 48 % entre 2000 y 2013, en países asiáticos el incremento fue de 115 %, y en Corea y Japón, por ejemplo, el índice de obesidad es de solo el 6 %.

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