Cuándo y dónde ver la lluvia de estrellas de agosto

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La madrugada de mañana (martes) será el punto de mayor intensidad de lluvia de estrellas, con un estimado de entre 60 y 120 meteoros perceptibles por hora en el cielo

Con una rigurosa puntualidad, las Perseidas arriban a su fiel encuentro anual con los amantes de las estrellas, astrónomos y científicos abocados a la observación espacial, y con todos los ávidos de pedir un deseo a un destello fugaz.

Visibles desde el 17 de julio y hasta el 26 de agosto, la madrugada de este martes será el punto de mayor intensidad de la lluvia, con un estimado de entre 60 y 120 meteoros perceptibles por hora en el cielo nocturno.

Un fenómeno astronómico posibilitado por el casual encuentro entre la atmósfera terrestre y los fragmentos que el cometa 109P/Swift-Tuttle va dejando en forma de tubo meteórico -una estela o cauda- durante su larga orbita de 133 años alrededor del Sol.

“Las lluvias de estrellas son un fenómeno natural que, por lo general, se da cuando objetos que son desde el tamaño de un granito de arroz hasta de varios centímetros entran en la atmósfera de la Tierra”, explica en entrevista Alejandro Farah, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM.

“En el momento que entran en contacto con nuestra atmósfera, a gran velocidad, literalmente se funden, se queman. Y las famosas estrellas fugaces son eso: meteoros que entran en la atmósfera y al quemarse iluminan su trayecto”.

Es justamente este trayecto encendido, el fenómeno lumínico, lo que se percibe de estos meteoros, cuya velocidad es de hasta 70 kilómetros por segundo y suelen desintegrarse antes de poder atravesar la atmósfera, detalla Pablo Lonnie Pacheco, miembro honorario de la Sociedad Astronómica del Planetario Alfa, en Monterrey.

“Lo que estamos viendo no es una partícula que se quema, sino el aire de la atmósfera que se comprime al paso de la partícula, y ese aire, digamos, que pierde electrones, se ioniza, y la recombinación de partículas hace que brillen. Es como la aurora boreal: es una nube de gas excitado que se ve de colores”, precisa.

Nombradas de acuerdo a la constelación de la cual parecen fluir, en este caso la de Perseo, las Perseidas son perceptibles precisamente en cada región del globo donde se alcance a ver esta constelación, a diferencia de otro tipo de espectáculos astronómicos, como los eclipses solares, donde el rango de observación es reducido.

“(Esta lluvia de estrellas) es un fenómeno que se observa en cualquier lugar del mundo, favorablemente hacia el norte, pero la mayoría de los continentes dan al extremo norte del cielo. Digamos que desde la Antártica no se vería”, destaca Pacheco.

Pese a que suele recomendarse ubicar la región del cielo correspondiente a Perseo, en realidad estos meteoros -que no meteoritos, pues no lo son hasta que toquen la superficie terrestre- pueden surcar cualquier parte del manto nocturno.

Y aunque su singular belleza hace de este un espectáculo al que los expertos constantemente invitan a disfrutar por el simple gozo de hacerlo, lo cierto es que también es relevante en materia de estudios científicos, desde la astrobiología, la astrofísica y hasta las matemáticas.

“Las lluvias de meteoros permitieron tener un primer acercamiento a las partículas que se desprendían de cometas y asteroides antes de que el hombre tuviera la capacidad tecnológica para poder visitar estos cuerpos.

“Asteroides y cometas se estudian como los fósiles del Sistema Solar. Así como los fósiles de los seres vivos en la Tierra nos hablan de cómo era la vida más primitiva en el planeta, estos asteroides son cuerpos muy primitivos del Sistema Solar que nos dicen, o nos pueden dar una idea o pista, de cómo se formó la Tierra y el resto de los planetas”, puntualiza Pacheco.

“También se usan mucho para ir estimando las trayectorias de estos objetos, que son muy difíciles de calcular por las órbitas”, añade Farah. “Estudiar estas lluvias de estrellas permite obtener información de los cálculos matemáticos para mejorar nuestros modelos y tener mejor precisión por si algún día hay un objeto que se acerque a la Tierra peligrosamente, pues poder desviarlo”.

Si toda esta dimensión científica no es suficientemente atractiva, hay una motivación muy simple por la cual voltear a ver las Perseidas esta noche.

“Para la gente que no le guste todo lo que es la física y las matemáticas, pues que salga a observarlas y que con cada estrella fugaz pida un buen deseo. Y ojalá se le cumpla”, concluye Farah.

Fuente: Debate.com.mx

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