Bordados mayas, pocos valorados y a punto de la extinción

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MÉRIDA, Yucatán.- En Yucatán, se tiene registro de al menos 26 puntadas de bordado a mano y máquina realizadas por mujeres mayas, lamentablemente se estima que al menos el 50 por ciento de éstas ya han desaparecido.

El paso del tiempo, el desarrollo económico y el cambio de generaciones ocasionan que cada vez menos mujeres se dediquen a esta labor como una fuente de ingresos económicos, muchas prefieren salir de sus municipios para encontrar empleo, debido a que la oferta laboral es muy reducida en sus comunidades, con sueldos bajos y pocas posibilidades de crecimiento.

Y es que la actividad artesanal no es tan valorada en México como en otros países; la mercancía que se produce en las comunidades mayas es siempre devaluada por el consumidor local y nacional, lo que lleva a los creadores a bajar sus precios prácticamente al costo de producción, disminuyendo su poder adquisitivo, con el consecuente impacto en su calidad de vida.

“Hasta el momento no hay políticas públicas que impulsen la producción artesanal dignamente. Se requiere también que se profesionalice y haya más capacitación, hasta escuelas de bordado”, subrayó la etnóloga y maestra en Ciencias Antropológicas, Silvia Terán y Contreras.

La especialista consideró importante profesionalizar la labor de las bordadoras como un oficio, una profesión o un arte, incluso no solo el bordado, sino todas las artesanías locales.

Precisó que como parte de una investigación que realizó hace algunos años, identificó 16 puntadas que se realizaban a máquina, aunque en la actualidad ya pocas se hacen, y 10 a mano.

La también investigadora de la Dirección de Patrimonio Cultural y Museos Comunitarios de la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta), destacó que la técnica denominada “rejilla”, que se hace a máquina, tiene infinidad de variantes que parecen encajes.

En el caso de las puntadas hechas a mano, aseguró que el Estado es el único del país que tiene registro de la presencia de un bordado prehispánico denominado chuuyk’ab o bordado de mano, que se encontró en algunas telas carbonizadas en el cenote de Chichén Itzá y que forman parte de una colección del Museo Palacio Cantón.

También el xmanikté, cuyo probable origen es prehispánico, y es de los más antiguos.

“Infiero que es prehispánica porque solo tiene nombre maya, no lo tiene en español; los diseños son muy sométricos, la gente dice que son como los rombos que tiene la víbora de cascabel, que también se hacen en hilo contado, pero con el xmanikté la puntada es serpentina y va formando rombos”, detalló.

Aunque dijo que no hay un censo con el número exacto de bordadoras que aún quedan en Yucatán, estimó que al menos hay una por cada municipio, y Maní, Kimbilá, Tahdziú, Teabo, Kanxoc y Xocén tienen mayor número.

Hace 10 años, recordó, de manera conjunta con la Casa de las Artesanías se realizó un conteo que arrojó que había como 100 mil bordadoras, pero ahora deben ser unas 50 mil o menos.

Afirmó que las técnicas de bordado no pasan de moda, debido a que se pueden incorporar a la ropa, accesorios o artículos, como pantalones, blusas, correas de cámaras fotográficas, guayaberas y sombreros, entre otros artículos, lo que, confía, garantice su continuidad y permanencia.

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